Porque los sueños, sueños son (¿o no?)

Man by Jack Hughes
Man by Jack Hughes

Siempre que he creado un personaje, como escritor, me lo he imaginado aquí, ahora, a mi lado. No importa quién sea, no importa cómo sea, no importa qué esté destinado a ser, me lo imagino delante y lo escribo como si en este preciso instante estuviera manteniendo una conversación íntima con él, o con ella, como si me estuviera explicando su historia y yo me limitara a transcribirla. Así fue con Adriana, aunque en su caso resultara tan intenso que en muchas ocasiones siento que es más real de lo que puedo (incluso) asumir. Así ha sido también con todos los que jamás verán la tinta negra, o la luz de un pixel. 

Al construir un personaje intento colocarlo en este mundo y pensar cómo va a interactuar con él, cómo va a sobrevivirlo, cómo va a relacionarse, quién le va a golpear, o a enamorar, o a acariciar quién le protegerá de sus miedos, quién le va a lanzar a los leones, qué alegrías vivirá y al lado de qué cómplices, cuántas veces se va a tener que levantar y con qué sustentos… Al final, no deja de ser un viaje compartido entre esos personajes y yo. Un viaje que nos lleva juntos mucho más allá de lo que hubiéramos podido llegar a imaginar al crear las primeras frases. 

Supongo que precisamente por todo esto, nunca sería capaz de escribir la misma historia dos veces, tal vez por esta razón jamás tendré la sensación de cerrar ningún capítulo de los que ellos han protagonizado, protagonizan o protagonizarán. En realidad, siempre pueden volver, ya sea Adriana, o cualquier otro de los que he aparcado en mi memoria esperando una mejor ocasión para contar su historia. Sí, siempre pueden volver y espero que cuando lo hagan esté realmente preparado para escribir las palabras que merecen todos y cada unos de ellos. 

Y ahora que se presentan en el horizonte esas tres semanas del año que siempre dedico con más intensidad a recuperar mi alma de escritor, me apetece mucho rescatar una historia que tiene que ver con ese mundo onírico en el que me refugio en ocasiones, esa (ir)realidad que se va construyendo lentamente en mi imaginación haciendo casi imposible definir o encontrar fronteras entre lo que sucede aquí y lo que sucede allá.

Lourdes llegó bailando entre las letras de un grupo de aquel britpop pegadizo que surgió en los 90. Llegó una tarde mientras buscaba inspiración para participar en un concurso. Se convirtió en finalista regalándome mucho más que un reconocimiento, me ofreció una vida que, todavía hoy, no acabo de comprender en su totalidad.

Así es mi relación con mis personajes. Así soy yo. En ocasiones todo resulta mucho menos complejo de lo que parece… o, tal vez, no.

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