Si el mundo se acabara hoy

Hoyvoyadejarmellevar por unviejosentimentalismoyvoyainiciaresteblog con un “Uf, dijo él“, enhomenajealmaestroQuim Monzópor el que,probablemente, seaunodesusmejoreslibrosde relatos(es queestoyen modorelatista,últimamente). Y este “uf” que alguien diría (véase en ese alguien a mí mismo en modo surrealista) sería producto de levantarse una mañana cualquiera, apretar el botón del power del televisor y dejar, tan sólo dejar, que los informativos le pusieran al día. La vida se enciende complicada desde primera hora.

Que el mundo se acaba es algo que ya todos sabemos. No nos engañemos. Desde que el planeta empezó a girar ya inició el camino hacia su final. Pero es que según me han dicho, en cuatro días la pandemia mundial estará en su máximo apogeo y yo, que tengo una curiosa tendencia a contagiarme de todo lo que pulula por el aire, supongo que caeré, bonitamente, presa del virus inmutable. Bien. Lo acepto. Tal vez debería ponerme a escribir un diario de la pre-gripe, quizás debería explicar cómo me siento ahora. Sería algo parecido a:

– Día menos quince: esta mañana tenía sueño. Los ojos no se querían despegar y los párpados me pesaban horrores. El maldito despertador silbaba desesperadamente desde algún rincón perdido de la habitación mientras mis temblorosas y dormidas manos lo buscaban en un esfuerzo infructuoso. Queda un día menos para el inicio de la pandemia. Mi rostro parece no notar, todavía, los efectos de la enfermedad pero, de alguna forma, sé que está cerca…

 

Sí. He estado tentado de hacerlo. Lo he estado y sin embargo he decidido dejarlo para mejor ocasión. Porque debo recordaros que el mundo se acaba. Y, “uf”, si se acaba hagámoslo a lo grande – siguiendo los preceptos de la escuela Millet, ¿no?–. Así que sí, a lo grande, tan a lo grande cómo el señor Camps, ese maestro del textil que se pasea radiante en un impresionanteFerrari, luciendo las más flamante y perfecta de sus sonrisas, mientras lleva a lomos de su reluciente corcel a los dos caballeros rampantes y al patrón de ambos. Así deberíamos hacerlo todos. Así, así, así se gobierna un país. Así, así, así deberíamos avergonzarnos todos de la paupérrima clase política que sufrimos, pero que también nos merecemos.

En fin, decía que el mundo se acaba. Hoy empiezan a vacunar contra lanew flu lo cual me lleva a pensar que pronto tendremos mapas en los informativos de la propagación de la pandemia, “vemos en rojo las zonas de mayor afectación. Se ruega a la población no acercarse al área metropolitana de tal ciudad” y todos haciendo ruta hacia el campo mientras paran de camino en un “vacuna&drive” al modo USA para ir con un buen pinchazo que nos proteja de todo mal y amén. Supongo que será una vuelta a los orígenes… pero, perdón, que me pierdo:vuelvo al principio. El mundo hoy se acaba para muchas personas. Se acaba para los padres de un niño obeso que pueden ir a la prisión por no entregar su hijo a los servicios sociales, dicen éstos que por el bien del niño mientras que los progenitores se amparan en el daño psicológico que le supondría al pequeño ser separado de su familia. Es curioso, los que nos mandan ya nos dicen qué es mejor para nosotros… acabaremos domesticados.

Y la corrupción se sigue extendiendo -o descubriendo, que quizás sería la palabra exacta-. Lo que yo decía, unos conducen Ferraris, otros saludan cínicamente a los que les abuchean, otros se escoden… no importa, para ellos, para muchos, sí: el mundo se está acabando. También en ese juicio en el que el acusado dice que reconoció ser culpable por hacer un bien común, pero en realidad asegura ser inocente por más que todos crean lo contrario. Lo creen, lo creyeron y lo creerán digan lo que digan los de la “presunción de inocencia”, presunción en la que cada vez menos gente confía. Confiamos. ¿No? Complicado mundo estamos creando…

Que el mundo se desmonta está claro. Creo que tengo mucho que aprender y muy poco tiempo. Mañana se despertará otro día, mejor que sea así, porque si el mundo se acabara hoy, la última imagen que me llevaría a cualquier otra vida sería la de Camps riéndose de todos nosotros… en fin… seguiré con el diario:

– Día menos catorce: esta noche he dormido mal. He soñado con caballos flameantes, con seres superiores de mechones blancos que deciden por mí, con gobiernos que no saben solucionar problemas de barcos con calaveras en sus banderas, con fiscales que piden 200 años de prisión para unos, por piratear, con señores que, por no asumir, ya no saben ni asumir sus errores…

¿En qué mundo te he creado Adriana?

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