Los Mundos de los otros

El Enigma de Adriana se viste con ellogo de Dharma (no el de la “Eléctrica” que tan bien conocemos los catalanes, sino con el “otro”, el de “los otros” vamos) y se va de paseo por Lost.

Debo confesar que he sido un fan tardío de la serie. Tan tardío que llegué a ella hace ocho meses, así que la he visto toda prácticamente sin descanso, capítulo tras capítulo. Y al llegar, ayer, al “Finale” me llenó una sensación muy curiosa, la sensación de haber visto algo diferente. Y no es un “diferente” porque sea una serie con un argumento más que intenso, ni por sus tramas, tampoco por la desbordante imaginación que han mostrado los guionistas, por su habilidad para atar todos los cabos, o porque no me esperara lo que pasó, sino porque han sido lo suficientemente valientes para hacer lo que creía que no harían, dar con “El Final“.

Para mí Lost ha sido siempre una historia de personas, humana, una narración que va mucho más allá de los misterios de la isla, de luces, de números, de humos negros… desde mi punto de vista esa es, y ha sido, la excusa perfecta para dar relieve a unos personajes perfectamente definidos, solitarios, perdidos, cuya evolución es, sencillamente, una delicatessen para el paladar de cualquier creador de ficción, o de quien quiera aspirar a serlo. Y esa evolución, esa lucha constante entre el individuo y su entorno hasta convertirse en parte de algo más, de un grupo, es lo que ha hecho posible que Lost haya llegado al final convirtiéndose en un fenómeno de masas.

Sí, por supuesto, está todo lo inexplicable, me preguntaréis qué era la Isla, los campos electromagnéticos, quién estaba allí antes de Jacob y de su hermano, quién se quedará después de Hugo y Ben, por qué no se explica todo eso con más detalle… pero creo realmente que eso no era lo importante, era tan sólo el mecanismo a través del cual las historias humanas pudieron irse desarrollando, creciendo, enraizando en la propia trama hasta convertirse en el centro de la misma. No sé si el final, a lo Titanic, fue el que los fans esperaban, pero estoy convencido que fue el que debió ser, el más ajustado a la memoria de unos personajes que se merecían acabar siendo los únicos protagonistas de los últimos segundos de Lost.

Además… quizás sea porque, cómo escritor de ficción que soy, me gusta imaginar finales, o continuaciones, o devenires de esas mujeres y de esos hombres a los que hemos visto deambular, sufrir, llorar, amar, luchar y vencer o perder, tal vez sea eso por lo que me hubiera decepcionado profundamente un final en el que todo hubiera quedado perfectamente cerrado. Mi mente ya imaginará historias para la Isla, para la Luz, viajará hasta dibujar cómo acabó la vida de cada uno de los personajes que se salvan y sobreviven, en la isla o volando más allá… eso hará que Lost viva mucho más allá del final que ayer nos ofrecieron… si más no, es lo que me gusta pensar. En todo caso, a los guionistas les debo dar las gracias por permitirme conservar mis propias explicaciones, mi propia fantasía, sobre el origen y el final.

Lo demás, como tantas otras cosas, ya se ha explicado… ¿o no?

Adriana… nada como una historia humana para convertirse en un ser capaz de transcender las páginas de una novela… tú lo sabes bien.

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