Las huellas del camino

Cantó, en su día, un tal Alejandro Sanz que “la vida va y viene, y no se detiene… y, qué sé yo”.  Como no soy quién para llevarle la contraria a un artista, sea más o menos de mi agrado, hoy voy a decir que sí, que esto no se para, que uno apenas tiene tiempo para echar la mirada atrás, que todo lo que sucede ocurre a una velocidad asombrosa, y que pocos dedicamos un aliento a observar lo que dejamos por el camino.

Y dejamos mucho. Mucho de lo que somos, de lo que llegamos a ser, de lo que estamos destinados a ser. Dejamos huellas, marcas, suspiros, esfuerzos, sueños, alegrías y decepciones, dejamos personas, promesas, éxitos, fracasos, victorias y derrotas. Dejamos más de lo que imaginamos, me atrevería a aventurar que dejamos más de lo que estamos dispuestos a asumir.

Y, ojo, no es esta una reflexión en clave nostálgica. En absoluto. Es un homenaje a todo lo que hemos construido día a día, a todos los proyectos que han quedado en el camino, a las personas con las que nos hemos cruzado y que ya no forman parte de nuestra vida. Es un homenaje a los sueños que en su día se vieron cumplidos, aunque hoy -tal vez- no sean más que un par de líneas en nuestros currículos, un homenaje a los que lo hicieron posible, a los que se unieron a nosotros para dar forma a nuestras aspiraciones y es, también, un homenaje a esos propósitos que quedaron en nada, porque nos hicieron más fuertes, porque nos enseñaron que para vencer es necesario aprender a sufrir.

Hoy sé que lo que somos es resultado de todo lo que hemos hecho, día a día, proyecto a proyecto, error a error o sumando todos nuestros aciertos. Más aún, sé que lo que podamos llegar a ser tiene mucho que ver con las oportunidades que nos han dado, con las veces que alguien ha escuchado una idea  absurda (aparentemente) y ha comprendido que valía la pena apostar por ella, aunque fuera a ciegas, aunque fuera por pura intuición. Por esa razón, esta nueva fusión la dedico a esas personas, a las que me han acompañado en el pasado y me han ayudado a llegar hasta hoy. A ellos, a ellas, gracias.

Y, mientras buscamos más y mejores gigantes, mientras seguimos aprendiendo de los seres de gris que tanto nos enseñan, mientras nos rodeamos un poco más de esos héroes que nos protegen más de lo que imaginamos, debemos empezar a convertirnos, también, en las personas que vayan a dejar huella en los que vienen detrás. Porque nuestro legado no será algo físico, nuestro legado no se imprimirá, se maquetará o se gravará, no, yo quiero creer que nuestro legado será el recuerdo que vamos a dejar en los demás. Y eso sí es imborrable, pase lo que pase.

Así lo siento. Así lo espero. Al fin y al cabo, sé que ha llegado nuestro momento, el momento de hacernos un poco más grandes

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