El tiempo y sus cosas del saber

Hoy hace un año decidí poner en marcha la idea que acabó originando Phusions. Los que me conocen bien saben lo duros que habían llegado a ser los meses anteriores, y quien dice meses puede añadir, sin problema alguno, unas cuantas semanas más a la ecuación. Porque aun recuerdo (no lo puedo negar) con algo de nostalgia los días en los cuales parecía que estábamos destinados a comernos el mundo, hasta que, de repente, el estrés y la realidad nos dieron con la palma abierta en toda la cara y descubrimos que nos quedaba mucho por aprender. Mucho.

Y sigo aprendiendo. Han cambiado tantas cosas en estos 365 días que, al mirar atrás, no puedo evitar sentir cierto vértigo. Las personas son otras, los lugares no tienen nada que ver, la cultura es muy diferente, pero en el fondo hay algo que permanece inalterable: sigo aprendiendo. Porque eso lo tengo claro, cada día es una oportunidad para descubrir algo, cada reto esconde la posibilidad de crecer y de evolucionar, cada error abre la puerta a un próximo acierto, y cada vez que tocamos el éxito es un instante efímero, un momento de paz en el cual nos podemos mirar y sonreír, sin dejar de pensar en el próximo objetivo. Porque siempre hay un próximo objetivo. Porque no hay tiempo que perder…

Phusions. Lo cierto es que no he dejado del todo atrás esas fusiones que me marcaron tanto. Tal vez sean otras, tal vez las vea desde el otro lado, pero siguen aquí, y siguen protagonizando una parte muy importante de ese tiempo que paso enfundado en trajes y corbatas. Lo que sí ha cambiado es que ya no sólo son integraciones entre empresas, ahora hay un universo nuevo de fusiones: personas, proyectos, iniciativas, descubrimientos… eso que tantos llaman network. Mi vida ha dado un paso adelante que sin duda se debe en gran parte a la gente que, prácticamente sin conocerme, decidieron apostar por mí. Por esa razón, mi gratitud es para ellos, como lo es para todas las personas (las conozca o no) que crean en el talento y en su instinto. Sin ellos, sin ellas, no sería posible avanzar.

No soy capaz de imaginar qué traerán los próximos 365 días. No me atrevo, siquiera, a predecir un año tan intenso como el vivido, con tantas experiencias que un libro no sería suficiente para recogerlas. No puedo dejar de avanzar, de vivir, de sumar, de compartir, de agradecer y de construir… pero tampoco quiero dejar de recordar y de pensar en todo lo que me ha hecho ser quién soy hoy. Porque, sin duda, estos días no tendrían sentido sin aquellos.

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