Un escritor… venido a menos

Lapiz

Hace unos días me quedé enganchado en Youtube asistiendo, virtualmente, a la conferencia que Lizzie Velásquez impartió en TEDxYouth@Austin. Seguro que ya la conoces, porque se ha compartido mucho durante estos últimos días y, por esa razón, me abstuve de hacerlo. Sin embargo, y supongo que como tantos otros, debo reconocer que sentí admiración por su historia, por esa capacidad de superación, por esa pasión que transmite y por todo lo que ha sabido construir a partir de una idea -a priori- simple, “no dejes que otros te definan”.

Otros. Cuando me presento ante un auditorio, más allá de mi perfil profesional -que puede resultar de mayor o menor interés en función de la audiencia, claro- siempre apunto mi auténtica vocación. “Soy escritor”. Y dejo un silencio antes de volver a hablar, un silencio que tal vez solo sirve para que aquellas dos palabras calen hondo en mí y me sigan recordando que sí, que un día escribí dos libros que se publicaron, que en mi cajón (virtual, ¡qué viva Dropbox!) tengo dos nuevas novelas por publicar, una nouvelle que espera que lleguen los relatos que la acompañen en su salto al ruedo y un millón de ideas recién destapadas. Soy escritor. Espera, ¿soy o fui? ¡Vaya! 

Ayer, en un entorno muy profesional, me presenté exactamente igual. Tras la sesión, una de las personas se acercó y me preguntó por qué me definía como escritor si hacía años que no ejercía. En tono jocoso añadió que, tal vez, sería mejor decir que era un “escritor venido a menos”. Supongo que lo primero que reflejó mi cara fue un honesto ‘no sabía que uno “ejercía de escritor’” acompañado por una mueca por aquel “menos”, pero, como suele ser habitual, no tardé en responder algo parecido a “uno no deja de ser algo por el mero hecho de aparcarlo. Lo que eres, lo eres siempre”. Sonreí, nos reímos, no sé hasta qué punto fuimos honestos los dos en aquella risa, pero quiero pensar que aprendí algo. Algo que me recordó aquella conferencia de Lizzie, aquel “no dejes que otros te definan”.

Me lo debería tatuar, y tal vez lo haga. Porque reconozco que a veces dudo. Reconozco que en esa pausa de un segundo se esconde una mirada al pasado, a todas las promesas que me hice, a todo lo que creí que iba a construir, una mirada que va acompañada de un rápido vistazo a ese futuro en el cual no intuyo lugar o tiempo para cumplir con lo que me propuse. Y entonces, sí, dudo. Y olvido que “yo soy esa persona en el asiento delantero de mi coche, la que decide hacia dónde va”, que yo soy quién me defino.

Así que no, no soy un escritor venido a menos. Y si lo fuera, tampoco cambiaría nada porque en mi mano, y solo en mi mano, está definir cómo ese escritor que fui puede llegar a ser el escritor que quiero ser.

¿Te sientes identificado con esta nueva fusión? No te pierdas a Lizzie y lo entenderás todo…

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3 comentarios en “Un escritor… venido a menos

  1. Fantástico. Todos dudamos de nosotros mismos en algún momento supongo, y eso no tiene por qué ser malo, yo lo veo ser humilde, y, mejor humilde que pedante, prepotente, listillo, bocazas, inapropiado, entrometido y mil adjetivos más que podría listar..
    Nadie debe definirte amigo!! tú lo has dicho, eres lo que eres, y serás lo que tú quieras. Y, por lo que puedo decir yo, eres GRANDE! Ala! Beso súper Gassó!

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