Intentarlo, intentarlo, intentarlo, y no rendirse nunca

La cosa va así: estoy en un bache técnico. No es una broma, siquiera una metáfora de la vida, es la realidad, algo que me tiene atascado y que no me permite ver la salida, esa famosa y manida luz al final del túnel de la cual tantas veces hemos oído hablar. Y, lo peor, es que no hay una razón para que sea así, son varias, múltiples e indisolubles, lo cual hace que sea especialmente complicado atacarlas por separado, y que hacerlo conjuntamente se me antoje un trabajo difícil. Pero lo haré. Y lo lograré.

Un bache técnico, decía. Hablo de tenis, por cierto, aunque no deja de ser extrapolable a ese día a día tan loco que va absorbiendo cada pequeño segundo sin dejarnos tiempo para nada más. Disfrutar de los pequeños espacios que nos regala la vida, pasear por la orilla de una playa, escuchar una canción, compartir esos momentos con la persona que hace que todo tenga sentido, eso es lo que mueve la maquinaria que hace posible que circulemos de lunes a viernes, y que lo demos todo, incluso si ese “todo” es mayor que nuestras propias reservas. Pero mi bache no se soluciona con esos momentos de paz y perfecta harmonía que existen más allá de las cuatro paredes que nos ocupan los días. No. Mi bache es producto del desequilibrio que he permitido que se instale en mi vida. Y, claro, uno se pregunta cómo reinstaurar algo tan delicado cuando sé positivamente que no se puede volver a lo que fui, ni a lo que tuve, y que debo construir mirando hacia adelante, con nuevas normas, con nuevas reglas…

En eso estoy. En definir cómo jugar, en aprender de nuevo lo que parecía ya asumido, en practicar hasta recuperar las sensaciones, los movimientos, los mecanismos… y, por encima de todo, la inspiración. Añoro la inspiración. Esa sensación indescriptible que te dice, exactamente, una milésima antes de tomar una decisión qué dirección debes tomar, qué riesgo debes asumir, qué punto ganador vas a transformar… cuando se fue la inspiración pensé que no tardaría en volver, ahora que lleva lejos de mi semanas, casi meses, sé lo mucho que se puede echar de menos ese punto casi mágico que marca la diferencia entre el éxito y la derrota en muchas más ocasiones de las que imaginé.

Así que sí, insistiré. Lo intentaré una y mil veces, sin desfallecer, sin dejar de mirar adelante, intentando no obsesionarme con lo que fui, con lo que conseguí, con lo que era capaz de hacer, y buscando caminos para ser mejor, para llegar a mayores metas, para conseguir llevar a cabo movimientos que hasta hoy jamás imaginé… porque hablaba de tenis, ¿verdad? ¿O sólo es otra fusión más…?

 

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